Meditaciones bíblicas

Confiemos nuestras vidas al Señor y no tengamos miedo de recibir menos. Demostremos nuestra fe en la vida cotidiana mediante los actos de amor por nuestros prójimos que necesita nuestra ayuda y apoyo.

En la permanencia gozosa con Jesús, en cada oportunidad seamos Su toque y la palabra EFFATÁ, que anima y cambia los destinos de los asustados.

Corazón - es la palabra clave del discurso de Jesús. No es suficiente honrar a Dios con los labios, sino adorarlo y servirlo con el corazón. El corazón es todo el hombre (en el Antiguo Testamento), el corazón es el centro de la persona, de la conciencia. Todo lo que un hombre piensa, decide, odia y ama sucede en el corazón.

Jesús busca la fidelidad total: irse o quedarse, no quedarse pero ser inactivo. La lealtad es una relación dinámica; es buscar, descubrir, admirar, sorprender. Y en esas relaciones la verdadera medida es el amor.

"Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

“El pan de la vida" se alcanza sólo por la fe en Jesucristo. Y creer significa abandonar a nosotros mismos, no pertenecer a nosotros mismos, dejar que Dios nos alimente de sí mismo.

Jesús eligió permanecer entre nosotros en el pan, en el pan que se parte por la vida de muchos, en el pan que no se puede comer solo, en el pan que busca un corazón agradecido. La gratitud permite la acción.

En la soledad - allí nos encontraremos con Él, y su oración nos traerá la paz y el descanso del alma y del cuerpo, y nos dará fuerzas para una nueva acción. En la soledad, en Dios, encontrarte a ti mismo, permanecer en la paz con Él, y eliminar todo lo que le desgarra el corazón a un hombre. ¡Escuchemos a Jesús!

Vivimos en un mundo que quiere estar a la altura de sus demandas y crear leyes que se adapten a él. Nosotros sabemos qué Ley es la correcta; proclamémosla a quienes deseen obedecerla. Nuestra Ley por la que queremos vivir es la ley de Dios, inscrita en lo profundo de nuestra conciencia, dada y revelada en la Palabra de Dios.

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