LA VOCACIÓN MISIONERA DE ZDENAC Mt 28, 18-20

 

Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

Nuestra misión es seguir los pasos de Jesús de Nazaret. Zdenac sigue el ejemplo de Jesús de Naza

Durante su vida terrenal, Jesús construía el Reino de Dios y así cumplía la Voluntad del Padre. Se alimentaba de la Voluntad de Dios (Jn 4, 34).

En el Antiguo Testamento Dios le llama a Abraham a serle fiel en el camino que le ha de mostrar. Como respuesta a ésto Dios lo bendecirá, siendo el mismo Abraham una bendición para todas las naciones. Abraham es el rostro de la misericordia de Dios para todo el mundo. (ref. Gen 12)

A través de la historia de la salvación, Dios educa al pueblo elegido para que sea luz para todas las naciones. Ellos llevarán la salvación hasta los confines de la Tierra. A menudo el profeta Isaías y los Salmos hablan de la salvación de todas las personas por medio de Israel.

La Biblia revela que el plan de salvación de Dios es para todos los pueblos. Salvación que surge de la misericordia de Dios. Se necesitan proclamadores de la Buena Noticia para llevar la gloria de Dios hasta los confines de la Tierra. Ésta es la redención de la humanidad de la esclavitud del pecado por medio de Jesucristo, el Cordero de Dios, quien quita los pecados del mundo entero. El Padre ha «decidido levantar a las personas para que sean parte de la vida Divina.» (LG 1)

Durante su última reunión con los apóstoles, antes de su ascensión a los cielos, Jesús les deja su testamento: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.» (Mt 28,18-20).

 

En el seno de la Iglesia (el Cuerpo de Cristo), Zdenac reconoce su llamado a ser un movimiento misionero con el carisma de la misericordia. Lleva a cabo su misión en la madre patria y en las tierras de tradición cristiana, y en África, en donde la cristiandad es relativamente jóven, y en algunos lugares y en las tribus de este continente todavía está en sus inicios.

 

En los países de tradición cristiana, el cristianismo no ha logrado convertirse en una forma de vida. En su mayoría, los valores y creencias cristianos solo son externos. En su interior, se encuentran vivamente presentes la creencia en otras religiones, como los rituales y creencias africanas, el chamanismo indio. En estos países, la anunciación del Evangelio es imprescindible.

 

En los países europeos podemos hablar sobre otro tipo de anunciación, debido a los cambios en la sociedad y en la mentalidad secularizada. Las familias rotas, la indiferencia y el materialismo hacen que las personas vivan como si Dios y la vida eterna no existieran. Todo está subordinado a este mundo. En este tipo de sociedad moderna, es necesario proclamar y enseñar a las generaciones más jóvenes la solidaridad de Dios hacia la humanidad, por medio de Jesucristo y entre las personas, dándole una especial importancia a las obras de misericordia espirituales y corporales de misericordia.

«Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» (Jn 20,21). Testimoniar la cercanía de Cristo, realizando todo aquello que Él ha realizado. A Jesús Resucitado le pertenece toda autoridad en el cielo y en la Tierra.

El Misionero de la Misericordia experimenta constantemente y prueba su debilidad, la presencia de Cristo y Su poder. Dialoga frecuentemente con el Resucitado, el cual es fiel a su promesa: «Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20).

La vocación de la Iglesia está fundada en la Santísima Trinidad. La Trinidad es ACTIVA. La interacción entre el Padre que envía a su Hijo, y el Espíritu Santo de ambos continúa construyendo por medio de la Iglesia, el reino de Dios para todos los tiempos y para todas las naciones.

El Concilio Vaticano II ha dado una gran importancia a la Iglesia, la comunidad cristiana. Ha llamado a la Iglesia PUEBLO DE DIOS, remarcando la importancia del sacramento del bautismo por el que todos los bautizados recibimos el ministerio sacerdotal, real y profético. Con ésto, adquirimos la responsabilidad de participar en la anunciación del Evangelio.

La Lumen gentium, la Constitución de la Iglesia, observa la identidad de la Iglesia bajo la perspectiva de su encargo misionero, llamándola sacramento universal de salvación (LG 48) y pueblo de Dios. (LG 9)

El decreto Ad Gentes motiva al diálogo con otras religiones y culturas, con el objetivo de «que todo se renueve en Cristo y todos los hombres constituyan en Él una única familia...» (AG, 1)

La misión de la Iglesia se refleja en la misión del Hijo que es tomado como ejemplo, maestro, liberador, salvador y revividor. Por medio de Él, Dios se reconcilia con el mundo, mientras que el Espíritu Santo actúa como impulsor de la Iglesia y las misiones. (ref. AG, 3/4)

Este decreto motiva a los fieles laicos al apostolado, sin los cuales el Evangelio no puede imprimirse en el espíritu, en la vida y en el trabajo de una nación. Es por eso que es necesario, en la mayor medida posible, preocuparse por la construcción de un laicado cristiano maduro. (ref. AG 21)

El papa Juan Pablo II y el papa Benedicto XVI introducen un nuevo concepto, la nueva evangelización dentro de las naciones cristianas.

La prédica apostólica de evangelización mediante los documentos Evangelii nuntiandi (Proclamación del Evangelio) y Redemptoris missio (encíclica sobre la permanente validez del mandato misionero) actualizan el documento Ad Gentes para el mundo actual.

El papa Pablo VI presenta estos conceptos: evangelización, diálogo, testimonio y proclamación. Resalta que el testimonio de la propia vida es el primer paso en la evangelización, y la anunciación es un aspecto de la misma (ref. EN 21-22). Zdenac es un movimiento ecuménico.

El objetivo y la finalidad de la evangelización es la renovación del hombre, que abarca la transformación interior de la persona y la conciencia colectiva, su actuar, su vida y su entorno; en resumen, la renovación de todo lo humano (ref. EN 18-19).

En la encíclica Redemptoris missio, el papa Juan Pablo II hace un giro antropológico. Ahora el hombre está en el centro y el trabajo misionero tiene por objetivo servir al hombre revelándole el amor de Dios manifestado en Jesucristo (ref. RM 2). Los Misioneros de la Misericordia sirven a los más necesitados. No les importa a qué religión pertenecen. Todas las personas de buena voluntad están llamadas a ser voluntarios y donantes.

El papa concluye que la misión es una muestra concreta de nuestra fe en Cristo y de su amor hacia nosotros (ref. RM 11). El fruto de aquella proclamación es el Reino de Dios que hace presente a Cristo y a su pasión, muerte y resurrección. Aquello se construye paso a paso. Nace la transformación en las relaciones humanas y edifica la unión entre las personas y con Dios (ref. RM 15). Mediante la educación de los niños y de los jóvenes en la solidaridad y para la solidaridad, el Movimiento de los Misioneros de la Misericordia está al servicio de la Iglesia, que, abrigando este Movimiento, cumple con su deber.

En la encíclica Redemptoris missio, el papa invita a respetar  la libertad y la conciencia del hombre: «La Iglesia propone, no impone nada: respeta las personas y las culturas, y se detiene ante el sagrario de la conciencia.» (RM 39).

Remarca que todos los cristianos, con la fuerza del Bautismo, somos llamados a aportar a la acción misionera.

El papa Francisco llama a las misiones grandes obras espirituales y corporales de misericordia (Ad Gentes). Nos invita a salir afuera como discípulos misioneros, los que generosamente dedican sus talentos, su creatividad, su saber y su experiencia, para llevar el mensaje de ternura y empatía a toda la familia humana. La Iglesia «tiene la tarea de proclamar la misericordia de Dios, que es el corazón vivo del Evangelio» (Misericordiae vultus 12) y proclamarlo en cada rincón del mundo.

El Padre lleno de amor se vuelve también hacia los más débiles, porque su grandeza y poder revelan en su capacidad de identificarse con los pequeños, rechazados y oprimidos (ref. Dt 4, 31 Sal 86, 15; 103, 8; 111, 4). Dios acude con ternura a la realidad humana, tal como lo hacen el padre y la madre en la vida de sus hijos. (Jer 31, 20)

Los misioneros y los voluntarios de Zdenac se acercan a las personas con gran respeto. Son compañeros de un trabajo comunitario que les ayudará al mejoramiento de las condiciones de vida.  El sentimiento de confianza en sí mismo e importancia de la tarea, junto a la dimensión espiritual, influirá en la forma de acercarse a las personas necesitadas. Ocurrirá un cambio en la forma de pensar y del comportamiento. Se volverán capaces para vivir una vida más independiente, con mayor dicha y alegría.

La expresión utilizada en la Biblia para la palabra misericordia es el regazo de una madre. Él es misericordioso hacia todos los pueblos y todas las criaturas (ref. Sal 145, 8-9). Las sedes de Zdenac son lugares donde todos deben sentirse como en su hogar. Es una gran familia espiritual con las relaciones saludables. Nos cuidamos unos a otros con el amor y el respeto.

Jesús, el Verbo encarnado, se manifiesta hasta la perfecta misericordia de Dios. La misericordia de Jesús nos prepara e instruye. Cuando recibimos y seguimos a Jesús con alegría, a través del Evangelio y de los sacramentos, con la ayuda del Espíritu Santo podemos llegar a ser misericordiosos como lo es nuestro Padre Celestial. Podemos aprender a amar como Él nos ama y hacer de nuestra propia vida un don gratuito, signo de su bondad (ref. Misericordiae vultus, 3).

El papa se refiere a la presencia creciente de las mujeres en las misiones, y lo interpreta como un signo del amor maternal de Dios. «Las mujeres devotas laicas o mujeres consagradas a Dios, como también frecuentemente en la actualidad toda una familia, llevan a cabo su llamado misionero de varias formas: desde la proclamación directa del Evangelio hasta trabajos de servicio caritativos. A menudo, de una manera nueva, consagran toda su atención para cuidar la vida, con un fuerte énfasis en las personas y no en las estructuras, dedicando todos los recursos humanos y espirituales para construir buenas relaciones de armonía, de paz, de solidaridad, de diálogo, de cooperación, de fraternidad, tanto entre los individuos como en el plano social y cultural de la vida, especialmente a través del cuidado de los pobres.» (para el Día mundial de las Misiones, Papa Francisco, año 2016).

Los Misioneros de la Misericordia proclaman el don más grande y más hermoso que nos ha dado Cristo: Su vida misma y Su amor. Los misioneros saben por experiencia, que el Evangelio del perdón y de la misericordia puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz.

En su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (20), el Papa Francisco nos invita: «Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.»

No permitamos que nuestros corazones se encierren en las preocupaciones individuales, abramos los corazones hacia los horizontes de toda la humanidad.

Mediante el Movimiento de Misioneros de la Misericordia, Zdenac es portador y promotor del testamento de Jesús en todo el mundo. A través de su organización y actividades diversas posibilita a las personas de buena voluntad y a las instituciones, a contribuír a acción misionera y así cumplir con su deber y derecho cristiano.

 

Mt 28,16-20

 

Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaban. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado.»

 

 

 

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