EL HIMNO DE LA CARIDAD, EL CAMINO DE ZDENAC DE LOS MISIONEROS DE LA MISERICORDIA

El camino más excelente es el camino del amor. Sólo el amor queda. Zdenac basa su pasado, presente y futuro y su existencia en la Palabra de Dios. Ella nos motiva y anima. El himno al amor habla sobre lo que es más importante en la vida, sobre el amor.

San Pablo nos explica lo qué es exactamente el amor. El amor es descrita como paciente y bondadoso, no tiene envidia, ni orgullo ni jactancia, no es grosero, ni egoísta; no se irrita ni lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia,sino que encuentra su alegría en la verdad,  todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta.

Tal descripción de amor, como lo ve el apóstol Pablo, no permite entenderlo como un sentimiento común, un encanto o una fascinación. El amor es, según él, el estilo de vida que se manifiesta en actos concretos hacia nuestros prójimos. Zdenac no tiene el futuro sin el amor. Por eso cada miembro de Zdenac saca fuerzas y perseverancia del Himno al amor de San Pablo. Se esfuerza en vivir y transferir este amor a todos, especialmente a los más necesitados.

Jesucristo quiere que seamos humildes, porque sólo siendo así podemos ser generosos y bondadosos, sólo entonces podemos no tener envidia ni jactarse, no ser egoístas; no se irritar, ni llevar cuentas del mal, todo lo excusar, todo lo aguantar. Para Zdenac es muy importante la humildad de cada miembro, para poder uno excusar y aguantar todas las debilidades, incluso los pecados, del otro. En la humildad y la obediencia se manifiesta el amor que nunca acaba. (1 Cor 13,8)

El himno al amor podemos dividirlo en tres partes: la preeminencia del amor (13, 1-3), las obras del amor (13,4-7), la permanencia del amor (13,8-13). La primera parte glorifica el amor y sus valores, sin el amor nada tiene sentido porque el amor es el principio y la terminación del todo. La segunda parte destaca las propiedades del amor.  Lo esencial en la vida cristiana es el amor. La parte final del Himno al amor conduce a la celebración final, donde podremos ver cara a cara al Señor. (13,11-12)

El Himno a la Caridad lo podemos dividir en tres partes fundamentales:

-          El amor que sufre.

-          El amor que se alegra.

-          El amor que protege.

Este amor, en toda su plenitud, Dios quiere manifestarlo a través de nosotros, hacia los salvados, pero también hacia los perdidos. Una persona puede mostrar varios elementos de este amor, otra puede fracasar en esta tarea. Para ser completo el amor, tiene que tener todos los elementos constitutivos. Es verdad que nadie ha alcanzado la perfección. Sólo Jesucristo ha manifestado el amor en toda su plenitud y belleza.

Dejemos que Dios nos controle con el Espíritu Santo que está en nosotros, para que este Amor sea visible en todos los aspectos de nuestra vida.

Somos hijos de Dios, y en nostros ya mora el Espíritu Santo. Por eso oremos junto con el apóstol Pablo: «que Cristo more por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en amor seáis capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.» (Ef 3,17-9)

La idea de Zdenac es la vida en plenitud donde el hombre es la medida. El amor del Himno es el amor que se muestra a los demás. Dios es el amor. Arraiguemos y cimentemos a nosotros en Jesucristo y constantemente permitamos al Espíritu Santo que nos llene con el amor de Dios para después poder derramarla a los demás. Conozcamos el amor de Dios en nosotros contemplando la Palabra de Dios y abramos nuestros corazones al poder del amor de Dios.

El amor viene de Dios. El amor tiene cualidades divinas. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.» (Jn, 3,16) Esto es el amor. Está derramado en nuestros corazones; en Biblia se menciona como el fruto de Espíritu Santo. El amor es la mayor prueba de la presencia de Dios en nuestro mundo.

San Pablo nos destaca que no somos nada, aunque habláramos todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tenemos amor, aunque tuviéramos el don de la profecía y conociéramos todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviéramos toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si estos dones no estuvieran acompañados del amor, seríamos, de verdad, nada.

 

«El amor no es egoísta, si amamos al prójimo como a si mismo, entonces, sus bienes se valoran como si fueran nuestros. La irritabilidad no va junto con el amor porque contiene el deseo de venganza. La verdad de vida de nuestros prójimos en el amor llega a ser la verdad de nuestra vida. Al final, el amor todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. Esto se refiere a la relación del hombre hacia Dios. Todo lo que Dios dice, el amor lo cree, y creer todo lo que la gente dice sería ingenuo. Lo que de la gente viene, tenemos desconfiar,  pero cuando Dios dice algo, tenemos confiar en Él con corazon indiviso. Lo que Dios promete seguramente se cumplirá, sin embargo a veces parece  que es muy lento y sus promesas pierden su valor, tenemos que esperar, porque el amor todo lo espera y esta esperanza es la respuesta a la promesa de Dios. Dado que hay muchas dificultades en el camino hacia los bienes prometidos, hay que aguantar en el amor para alcanzarlos.»  Santo Tomás de Aquino

 

Es el amor lo que mueve el mundo y da sentido a la vida porque sin el amor, no somos nada. Al final del día lo único importante es el amor, porque todo lo que hombre consigue, da un placer pasajero. Para amar no tenemos que ser artistas, el amor es el arte que nos hace únicos y magníficos. Es un sentimiento más sincero. El amor cree y perdona. No hay palabras en el mundo, ni en el universo para describir el amor.  Para la mayoría, el amor supone ser uno amado, y no sólo ser uno capaz de amar.

 

Intentemos colocar nuestro nombre en cada oración, por ejemplo: «Aunque Liliana hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles...» «Aunque Liliana tuviera el don de la profecía...»

Vivamos juntos el amor!

 

 

El himno a la caridad (1 Cor 13, 1-13)

 

«Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías limitadas.

Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.

En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.»


 

{lang hr}Kako bi vam omogućili bolje korisničko iskustvo, ova stranica pohranjuje kolačiće (cookies). Nastavkom pregledavanja stranice slažete se sa korištenjem kolačića.{/lang}{lang en}This site uses cookies. By continuing to browse the site you are agreeing to our use of cookies.{/lang}{lang es}Este sitio utiliza cookies. Al continuar navegar por el sitio, usted acepta el uso de cookies.{/lang}