Sábado, 01.08.2020. 12:17

XVIII. Domingo Ordinario

 

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías (55,1-3):

Así dice el Señor: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.»
Palabra de Dios.

 

 

Salmo

Sal 144
R/.
 Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.

 

 

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,35.37-39):

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.

 

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,13-21):

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Palabra del Señor.

 

 

Para el crecimiento espiritual de los miembros de Zdenac

 

¿Cómo expandir los corazones estrechados por el materialismo y despertar un anhelo por la eternidad?

 

El profeta Isaías sabe que lo más importante y lo más preciado en la vida "no se puede comprar con el dinero". "Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad el oído, venid a mí: escuchadme, y viviréis.”(Isaías 55: 1-3).

 

Es en vano saciar el estómago si el corazón tiene hambre. La palabra de Dios es nutritiva como el pan, refrescante como el agua.

 

¡Miembros de Zdenac, el hombre muere si solo de pan vive!

 

Cuando dejamos de preguntarnos sobre el significado y el propósito de todo, cuando somos superficiales y no vemos la dimensión de la profundidad de la vida; cuando suprimimos lo espiritual en nosotros, y gastamos tiempo y dinero en cosas que no llenan nuestros corazones y nuestras vidas; cuando permitimos que marchite la compasión, la solidaridad, la unión, todo eso nos lleva a la "muerte espiritual", porque vivimos solo de pan.

 

Pensemos en la pobreza espiritual, pero no olvidemos la pobreza material de tantas personas en el mundo. Jesús les dice a los discípulos: "¡Dadles vosotros de comer!" Las manos de Dios comparten todo lo bueno a través de las manos humanas, a través de nuestras manos. ¡Seamos nosotros las manos de Dios! No olvidemos que la falta de pan suele ser un signo de la falta de la humanidad.

 

Pensemos el uno en el otro; de esa manera encontraremos más facilmente las soluciones para nosotros mismos y para los demás.

 

¿Deberíamos permitir que las personas que no creen en la vida después de la muerte, y que no creen en Dios como el juez misericordioso y justo, sacuden nuestra esperanza en la justicia? No deberíamos.

 

En la segunda lectura de este domingo, San Pablo no llama a la justicia, que finalmente prevalecerá, sino al amor de Cristo. Él confía en ese amor; que supera todos los obstáculos e inconvenientes y que, al final, sale victorioso.

 

Miembros de Zdenac, ¡el amor gana todo! "¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?" admiten, "¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?" Nada tiene el poder de separarnos - si creemos - de la comunión con Cristo. ¡Creemos en el poder del amor!

 

El amor es más fuerte que el pecado, la muerte y toda injusticia, y siempre sale victorioso, a pesar de que nos parece indefenso contra el mal del mundo.

 

Pongamos nuestra esperanza en el poder del amor de Dios que se nos revela en Jesucristo. Construimos sobre una base segura; entonces nada puede sacudirnos o desanimarnos. Tengamos en cuenta, como el apóstol Pablo, que „ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.“

 

Jesús nos ha estado llamando durante siglos para abrirnos al espíritu del amor. Solo con los corazones abiertos podemos compartir la vida y el pan con otros seres humanos, nuestros hermanos. ¡No tengamos miedo, no tengamos miedo de compartir! El miedo es un signo de la falta del amor. El amor es sin miedo. Nuestra alegría, felicidad y paz serán en tal medida, en la cual hemos dado a los demás.

 

La maravilla más grande del mundo es el amor. Donde hay amor hay Dios, hay compañerismo, hay pan en las mesas.

 

Cuando los apóstoles comenzaron a compartir lo poco que tenían, era más que suficiente. Jesús les enseñó la solidaridad

 

La solidaridad es el mayor milagro. De ella surgen otros milagros.

 

Cuando hablamos de compartir pan, nos referimos principalmente al amor. Sin amor en el corazón es imposible ser benevolente en compartir.

 

Tengamos a Dios en nuestros corazones y podremos compartir el alimento de la vida con los necesitados. ¡Aprendamos y sigamos a Jesús!

 

Miembros de Zdenac, Jesús nos ha estado llamando durante siglos, y hoy nos llama; ¡abrámonos al Espíritu de Amor!

N. M.

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