Meditaciones bíblicas

El llamado de Jesús es una relación personal. Por nuestra respuesta entramos en una relación especial con Jesús. No fuimos por la idea, sino por la persona. Y Él requiere de nosotros la obediencia y la voluntad de dejarlo todo.

El encuentro con Jesús, el día que pasamos con Él, nos da una experiencia completamente nueva de nosotros mismos, una nueva comprensión de nuestra propia existencia; obtenemos una nueva identidad, un nuevo entusiasmo por la vida que tiene el sello del encuentro con Dios. La experiencia del encuentro con Jesús nos "envía" a testificar a los demás, de palabra y obra. Dios nos llama a cada uno de nosotros a una nueva vida, a una vida de fe.

Como Jesús, estemos abiertos a nuestra tarea para el reino invisible; estemos disponibles para la tarea que Dios nos ha confiado - en esta tarea no podemos fallar.

Debemos escuchar, amar, aceptar, creer y vivir la Palabra, la Obra de Jesucristo.

Para poder considerarnos de Dios, elijámos personalmente a Dios, aceptemos a Jesús como Dios y aceptemos conscientemente el evangelio como las reglas de la vida.

Miembros de Zdenac, seamos nosotros también la Familia. Vivamos una vida llena de Dios. La Sagrada Familia es nuestro ejemplo sobre cómo funcionar y qué valores deben regir en nuestra familia.

Sigamos ese ejemplo.

Vámonos al encuentro de la Navidad, con el corazón abierto, escuchando lo que Dios nos dice; dónde nos llama, qué debemos hacer por Él. Retirémonos al hogar de nuestra alma, nutriendo tranquilamente nuestro interior, leyendo las Escrituras y orando. Dios nos llama y espera nuestra respuesta.

Miembros de Zdenac, tomemos en serio cada una de sus palabras, sus órdenes y sus llamadas. Invoquémoslo como Salvador, celebremos, escuchémoslo y sigámoslo. ¡Convirtámonos! Miremos dentro de nosotros mismos: enderecemos las sendas, preparemos los caminos de nuestro corazón para que Jesús el Mesías pueda venir a nosotros.

El tiempo de Adviento nos invita a hacer un esfuerzo para ayudar a las personas que nos rodean; nos invita a la verdadera compasión, ayuda, solidaridad, cercanía humana y responsabilidad para las personas que sufren.

La vigilancia significa la actividad en el trabajo, en la Iglesia, en la fe, en la relación con otro hombre con el respeto y el amor. Estar despierto significa hacer el bien a sí mismo y a los demás, al mundo entero. Creamos que Jesús volverá de manera visible ante todas las naciones del mundo, y que todos podremos verlo.

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