Meditaciones bíblicas

Aquellos que son puros de corazón verán a Dios. Veamos la imagen de Dios en cada hombre. Un corazón tan puro, capaz de reconocer el bien en cada hombre, abre los ojos a la observación de Dios mismo.

El mandamiento de amar a Dios y al prójimo requiere un gran esfuerzo, el dominio propio, trabajo diario. La comodidad, la pereza, el descuido pueden hacer que el amor se endurezca, y que muera. El amor debe ser alimentado, debe ser trabajado constantemente, luchado por él. 

La misión es una respuesta libre y consciente a la llamada de Dios, pero podemos percibirla sólo cuando vivimos una relación personal de amor con Jesús vivo en su Iglesia. 

Con esta parábola, Jesús enfatiza que la salvación es la invitación de Dios a la fiesta, dirigida a cada uno personalmente. 

El que cree y ama, y permite que Dios actúe, no debe desesperar. Dios da buen fruto del corazón que se le ha confiado. Ningún sacrificio ni oración se pierde cuando todas nuestras preocupaciones y problemas confiamos al Señor, 

Seamos hijos e hijas que constantemente andemos por los caminos del Padre, para que, con las palabras "Aquí estoy, envíame a hacer Tu voluntad", construimos el Pozo (Zdenac) de Jesús desde el interior, según las instrucciones de Pablo el Apóstol. Al ver y escuchar nuestra ayuda y respeto mutuo, los demás desearán estar incrustado en el Pozo (Zdenac) de Jesús para la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Nosotros invitamos a Jesús al pozo (Zdenac). Invitamos a las almas que están en las „plazas“, abiertas a que alguien les llame a un mayor propósito y al "empleo" del alma durante su paso por esta Tierra. Es hora de ir a las plazas y llamar en la voz de Jesús: „Ven tú también a la viña de Jesús“.

Si pensamos que deberíamos ser duros de corazón con nuestros prójimos que nos han hecho algo malo, estamos cometiendo una grave injusticia. Olvidamos lo que Dios ha hecho por nosotros. Si experimentamos la ingratitud de nuestro prójimo, preguntémonos si nosotros siempre estamos agradecidos con Dios. Tal como Dios es inmensamente bueno con nosotros, así también nosotros podemos mostrar la bondad y el amor los unos a los otros.

El Espíritu de Dios nos inspira a todos a ser responsables ante Dios; no solo de nosotros mismos, sino también de nuestros cercanos. Así que amonestemos unos a otros de la perseverancia en la fe, seamos conscientes de la corresponsabilidad que temenos los unos para los otros.

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