Ayudando a los necesitados me he ayudado a mí mismo

Todo comenzó con el encuentro de la ovejita perdida Vesna Senicnjak con uno de los integrantes de Aljibe-Pozo, Ivo Jularic. Encuentro que cambiaría la vida de Vesna y de su hijo Goran. Reconociendo en ello la Voluntad de Dios, hemos decidido ayudarles. Mi primera impresión fue de temor, al ver todo el trabajo que había que hacer en la casa. Pero la alegría estaba esperando del otro lado de la balanza. ¿Hay algo más hermoso que hacer felíz a alguien, que conlleve sentirse también uno felíz? Hemos tenido que aprovechar esa pasión que nos había envuelto y colocarla al servicio de un proyecto concreto para ayudar a una madre e hijo, para que sus vidas sean de una dignidad más plena.

Temerosos, apenados y con mucha desconfianza, poco a poco, madre y su hijo nos dejaron embellecerles el entorno. Lentamente fue desapareciendo el temor, y nuestra llegada era esperada cada vez con mayor ansia. Cada día era una bendición en el camino hacia nuestro objetivo final. ¡Padre, todo te es posible! Nuestros amigos sabían cada uno de nuestros nombres, de nuestros hijos y se alegraban en cada venida nuestra. Para mí, ir a Lupoglav fue encontrarme con Jesús en el pozo de Jacob. El miedo se transformó en un encuentro alegre y lleno de esperanza, que cada vez era más palpable y real. Ayudando a los demás, me he ayudado a mí mismo.

¡Qué poco hace falta para hacer felíz a alguien! O reconocemos ésto o tenemos que transitar el Gólgota del desprecio, del jucio, el evitar a los demás y el descuido, como lo han tenido que hacer nuestros hermanos, Vesna y Goran. En el deseo de poder terminar nuestro trabajo, lo más importante ha sido el despertar de esa llama de amor en sus vidas, la que podría haberse perdido. Un instante en la eternidad. Al cambiar sus vidas, yo he cambiado la mía. Un relato que vale la pena contar, ya que respira en la firme verdad y en una realidad que el hombre debe experimentar, la cual se llama la riqueza del dar.

Belén en Lupoglav = Dios en el corazón

El proceso del trabajo ha sido de esta manera: Todo comenzó con la limpieza del lugar, de todo lo que estaba derrumbado, para lo cual teníamos que tener una buena dosis de resistencia y sufrimiento. El lugar era oscuro, sofocante y oloroso. Al comenzar con los trabajos comenzamos a tomar conciencia real del volúmen del trabajo. Pero ya no se podía retroceder, sólo podíamos ir hacia adelante con Cristo.

Luego de ésto, encargamos una gran cantidad de materiales de construcción, fruto de una donación. Ésto requirió de un gran trabajo entre los voluntarios en el contacto directo con los donantes. Así se dieron los requisitos para la reconstrucción del techo, el cual fue el procedimiento más serio y difícil en toda la obra. Esta parte requirió de muchos voluntarios, material y una buena coordinación. Verdaderamente, todo fue increíble y recuerdo con alegría cada parte del trabajo. Al finalizar esta etapa, comprendí que ya no había ningún obstáculo, ni económico, ni siquiera aquéllos del corazón. Con este proyecto habíamos abierto el camino a todo el resto de los proyectos. Justamente en este mismo trabajo, nuestra madre y hermana Lilia ha sido el motor principal de cambio.

Luego de ésto, comenzamos con los proyectos semanales de ayuda, los cuales tenían sus dificultades pero también bendiciones. Resolvimos la humedad dentro de la casa. Luego, los trabajos de instalación eléctrica, caños de agua, desagüe, etc, todo realizado por voluntarios de un gran corazón. Luego, el arreglo de los pisos, para seguir con muchísimos pasos más para el arreglo del patio, las aberturas y la construcción de una cámara séptica. Durante el trabajo nos ha sorprendido mucho el fantástico gran acto de Dios al aparecer un donante de ventanas y puertas, ya que en aquél momento carecíamos de dinero. Afrontábamos las constantes dificultades con plena confianza en la Providencia Divina. Los trabajos de cerámica fueron llevados a cabo por personas buenas y profesionales. Y así nació el nuevo hogar.

Luego de ésto, con la ayuda de muchos de los voluntarios y una grúa, comenzamos a trabajar en el patio. Limpiamos el mismo de basura existente, para dejarlo en un estado óptimo. A continuación comenzamos a montar los muebles de cocina, del cuarto de baño y a ordenar la casa por dentro.

Durante la última fase del trabajo conseguimos el resto de los muebles: camas, armarios, mesa, sillas, un sofá. Paso a paso fue encendido el primer fuego en la casa, la cual terminó de transformarla en un cálido hogar. Los trabajos en el patio y la llegada del gallo y las gallinas convirtieron esta casa en un hogar campestre familiar.

Los trabajos en la fachada se encuentran en su etapa final, con la esperanza de un día más de sol. Un poco más de pintura y la mudanza se acerca. Que Dios los bendiga por la intercesión de la Inmaculada Virgen María y de San José, protector de las familias.

Z. Beslic

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